Podría empezar de mil formas distintas a hablar del
Chaminando y de una manera u otra acabaría diciendo lo mismo... Podría abordar desde miles de perspectivas esta crónica y por un lado u otro acabaría llegando al mismo sitio... Podría incluso intentar definir esta experiencia y acabaría llegando a la misma conclusión...
Pero esta historia, como todas en la vida, empieza por un...
Érase una vez un lugar al que confluyeron cientos de sonrisas, sueños e ilusiones... Un lugar al que venían cantando alegres melodías y enarbolando juntos banderas de AMOR Y AMISTAD. Quisieron llegar aquel día demostrando que las lluvias no son más que gotas de agua que caen sobre nuestras cabezas, incapaces, como la lumbre de avivar la nieve, de dar a un momento especial un mínimo matiz de tristeza o melancolía.
Sin embargo, tanto llovió y tanto ha llovido ya... que las turbulentas aguas que corrían bajo nuestros pies suponían un grave problema para todos. Rugiendo embravecidas, separaban a etnias, culturas y personas; un problema que con un poco de iniciativa podía solventarse sin dificultad. Urgentemente tuvimos la necesidad de demostrar a cuantos esperaban algo grande de nosotros que no se equivocaban. Reunimos a todo tipo de especialistas: canteros, asfaltadores, maquinistas de grúa, electricistas, ingenieros, arquitectos, geólogos y albañiles; y decidimos tender un puente.

Ni piedra, ni hormigón, ni hierro, ni cristal, ni acero... Ni titanio ni aleaciones de ningún tipo... Aquel puente era mucho más sólido, más resistente, más duradero. Aquel puente estaba hecho de AMISTAD Y AMOR. Y unía a todo tipo de gente, cada cual más diferente y que gracias al puente de la comunicación fue capaz de sortear las dificultades, evitar las turbulentas aguas que corrían bajo su esencia. Chaminando juntos, todos unidos y de la mano fuimos capaces de cruzar aquel río de obstáculos, a través de un puente lleno de alegría, fraternidad, solidaridad, compañerismo, AMISTAD Y AMOR, que fue construido con las manos más puras para sortear la pereza, el egoísmo, la envidia, la soberbia y el resto de maldades que como la nieve en primavera, ya corrían derretidas yendo a morir a la mar...
Nunca imaginé que el tiempo fuera tan injusto. De hecho, nunca se me ocurrió pensar que dos días fueran a dar para tanto. Y ni muchísimo menos se me ocurrió que aquello que para mí iba a ser un fin de semana diferente, se iba a convertir en un
Chaminando'07 INOLVIDABLE.
Igual que el agua cuando pasa humedece la tierra, igual que cuando la sangre corre mancha las vestiduras, igual que cuando el amor aparece embriaga nuestros corazones... Igual, el
Chaminando ha escrito una importantísima página en la historia de nuestra vida, una página que se ha esmerado en adornar, señalar y decorar, una página que nunca caerá en el olvido, pues no se puede olvidar nunca aquello que con hierro y fuego, se ha escrito en los corazones de todos y cada uno de los
chaminandos.
Jamás pensé que todas aquellas sonrisas que yo veía cruzar mi patio el viernes, que todas aquellas canciones que oía mientras la cena se atragantaba debido a la alegría que surcaba nuestras venas, que todas aquellas maletas que yo veía
cargadísimas de ilusión iban a ser tan especiales. Nunca podría haber imaginado que detrás de cada una de esas personas había un mundo tan grande por descubrir, nunca en la vida se me ocurrió pensar en todo aquello que podían encerrar aquellos centenares de ojos que miraban con curiosidad como la lluvia de
Cádiz intentaba hacernos jugar una mala pasada...
Hoy todos hemos vivido una situación parecida... el viernes la maleta era
sobradamente grande para todas nuestras cosas que con esmero preparamos la noche anterior... Hoy apenas cabía nada en la mochila. Cuando fui a meter mis cosas, me di cuenta de que el la ALEGRÍA, el COMPROMISO, la FRATERNIDAD, la SOLIDARIDAD y sobre todo
el AMOR y la AMISTAD habían llenado mis alforjas y mi corazón.
Nunca llegué a imaginar que encontraría en esta convivencia la gente que he encontrado. Me resultaba imposible imaginar, que hubiera gente que valía tanto, que hubiera personas tan MARAVILLOSAS cuyos nombres he anotado para siempre en mi corazón y cuyas sonrisas he guardado en mi bolsillo como si fueran estrellas, tesoros, que con mi vida, mi espada y todo mi valor tuviera que proteger para siempre.
A decenas de personas podría nombrar y aún así me quedaría corto, sin embargo, sólo con mirarme lo que
aún no se ha borrado de mi mano, una pequeña lágrima resbala por mi corazón, sólo con recordar las
camisetas amarillas que Lucero y yo ya no tenemos y a sus nuevos dueños, mi alma sonríe, sólo con recordaros a todos y cada uno de vosotros, que sabéis perfectamente quienes sois, mi corazón desea volver, y fundirme en un inmenso abrazo con todos los que ahora vuelven a sus casas, dejando en
Cádiz algo más que un colegio, algo más que un monitor y algo más que un recuerdo, un imborrable recuerdo...
Gracias a todos y a todas.
Dedicado a todos con quienes he
chaminado estos dos inolvidables días.
JL
PD: ¡Qué corto el amor y qué largo el olvido!