martes 26 de febrero de 2008

XXI

Adán

Para J.G.M. porque, aunque a veces se le olvide, cree en este poema tanto como yo.


Un día encontré un joven en mi mirada
nacido entre lágrimas de alegría
y llantos de dolor;
muerto bajo la oscuridad del día
entre cruces, por su sangre sagrada,
y gritos de temor.

Volvióse su visión
envuelta en lágrimas sin enjugar
que no me arrancaban la tristeza
ni borraban el surco del soñar.
Hablan de mí, Señor:
son el riego de mi estéril amor,
son el arca de mi pobre riqueza,
son el mar de un río de entereza,
¡son la voz de mi mudo corazón!

No conocía el sonido de mis pasos
ni el color de mis manos,
jamás oí el suave tacto de mi voz
ni sentí frío en mi piel:
cuando la soledad sólo era fuego
fuego en la inmensa mar.

Mas ahora mi garganta es pura hiel
y mi palabra es eco
entre el silencio de mis hermanos,
mi mirar es desear
y mi deseo no es más que agua en el mar.

Aquellas lágrimas son la corteza
de este árbol joven y hueco...

Escucha ahora, hijo mío:
enjuga tu alma por última vez
y colma tu vacío con mi Amor.
Será la savia que haga renacer
en el árbol sus frutos
y en tu interior la fe.
Reserva con esmero
los tesoros de tu arduo crecer
y aguarda bajo el Sol
al corazón que los sueña coger.





JL
Publicado por Jesús Lleonart a las 21:55 | 4 comentarios (Se abrirán en una ventana emergente)   #
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lunes 18 de febrero de 2008

Same mistake

Maldita sea, he vuelto a hacerlo.

He llegado puntual, y la verdad no sé ni cómo, porque me he perdido por el camino un par de veces; he de reconocerlo, ha pasado bastante tiempo desde la última vez que hice esto y además, el escenario esta vez es nuevo.

Y ahí estoy, con los auriculares en los oídos, de pie en medio de un mar que me resulta muy familiar. Son las cinco menos tres minutos.

De la nada aparecen niños, niñas y mas niños; balones de baloncesto, fútbol y colas hacia las rutas de autobús; porterías improvisadas con mochilas, mochilas que improvisan la merienda, meriendas que improvisan las abuelas y abuelas que no improvisan; gritos, sonrisas, llantos; niños que lloran porque sus padres no están, padres que no lloran porque su hijo si está; niños perdidos solitarios y que me miran fijamente buscando en mí el padre que no soy; colas, y más colas, autobuses que pitan y niños que se suben con prisa, la prisa de los holgazanes por ver la tele y la de los trabajadores por acabar cuanto antes los deberes; de nuevo, gritos, carreras, llantos y risas; padres que conversan sobre sus hijos, hijos que conversan sobre sus padres; "Hasta mañanas", "hasta luegos" y "hasta nuncas"...

Este no es precisamente el colegio en el que crecí, pero todo me es realmente familiar.

En medio del griterío de pasos, unos retumban con especial fuerza, y sin darme cuenta una niña pequeña me abraza al ver que no era su madre quien hoy venía a recogerla, sino su hermano. Me sonríe, le sonrío y entre los dos conseguimos no apagar las sonrisas en los veinte minutos de trayecto de vuelta a casa.

Sin embargo, no puedo evitarlo, no puedo resistirme. Igual que hizo Orfeo, una fuerza increíblemente poderosa me obliga a girarme mientras abandono el colegio con mi hermana de la mano... Me siento como Ulises al partir de Ítaca...

Una pena no tener 9 años, aunque mayor pena es saber que nunca los volveré a tener.

Maldita sea, he vuelto a hacerlo; he vuelto a crecer.




JL
jueves 14 de febrero de 2008

St. Valentine's Day

No os voy a mentir. No me gusta hablar de lo que no conozco, de lo que no sé. Así que no pienso hablaros del amor.

Hoy vengo a contaros una historia:

Existió hace mucho tiempo un mundo en el que reinaba la paz, la alegría, la felicidad y la armonía. Aquel joven y hermoso mundo estaba poblado por unos seres muy peculiares, los andróginos. No eran hombres, ni mujeres, pero eran a la vez hombres y mujeres. Podríamos encontrarnos hoy uno y rodearlo, mirarlo, examinarlo, tocarlo, hablarle, podríamos incluso preguntarle y jamás podríamos saber si realmente es hombre o mujer. Dicen que el mundo no es blanco ni negro, que Dios lo pintó en una hermosísima escala de grises. Pues bien, aquellos seres, eran los más grises de cuantos habitaban el mundo pues poseían en su cuerpo dos sexos, masculino y femenino en la mayoría de los casos (pues había unos pocos que poseían dos sexos iguales). La vida no resultaba muy difícil para estos seres pues realmente tenían en su otra mitad todo lo que les faltaba en la suya.

Aquel joven mundo donde residían los andróginos estaba gobernado por dioses que vivían en el Monte Olimpo, reservándose para ellos la inmortalidad. Cuenta la leyenda que cierto día, los andróginos, avariciosos, deseosos de poder y buscando una gloria que no les pertenecía, decidieron asaltar el Monte Olimpo con la intención de expulsar a los dioses de él. Pero Zeus, dios de dioses, conocedor de los planes de los andróginos, consciente del gran poder que estos tenían, pues realmente ninguno estaba sólo aun cuando estuviese rodeado de enemigos, decidió anticiparse a sus movimientos. Hizo caer uno de sus poderosos rayos sobre todo el planeta, un rayo que se bifurcó por todas las regiones y alcanzó a todos y cada uno de los andróginos. Aquel rayo poseía tanta fuerza que fue capaz de separar a todos y cada uno de los seres que lo recibieron. Los andróginos quedaron divididos, separados, aislados, solos. Cada una de las dos mitades que formaban aquellos maravillosos seres fue separada y alejada de la otra. El mundo que antes habían amado por su paz, alegría, felicidad y armonía, se convirtió en un mundo de guerras, tristezas, llantos y caos.

El tiempo pasó, y a los andróginos divididos, hoy se les llama humanos. Y la leyenda cuenta que vagan durante toda su vida en busca de la mitad, que un día Zeus les decidió arrebatar, para volver a ser felices.


Qué es la valentía sino la capacidad de afrontar el mañana con la única compañía de nuestro propio corazón. Qué es la valentía sino la fuerza para vivir en soledad. Por eso en este mundo hay tan pocas personas valientes. Sólo aquellas que son capaces de afrontar el día a día sin la necesidad de tener un apoyo constante, un hombro sobre el que apoyarse, un pañuelo que seque sus lágrimas.

Yo hace tiempo que decidí no ser valiente, que me prometí a mí mismo encontrar un pilar sobre el que edificar mi día a día, una porqué para levantarme y una razón para no caerme. Yo hace tiempo que decidí esperar a encontrar aquella mitad que hace tanto tiempo me arrancaron, para volver a sentirme lleno y completo.

Una de las cosas que realmente me gusta de esta historia es que los andróginos, juntos, eran tan poderosos como para hacer temblar al mismísimo Zeus. Que su poder era suficiente para vencer a los propios dioses. Claro que no era un poder basado en las armas, ni en las estrategias militares, ni en el vigor, sino basado en la fuerza que les unía, en el amor. Era la fuerzas más humilde, pero la más poderosa, de la que disponía el mundo para poner fin al gobierno de los dioses.


Ni siquiera un dios como Zeus, que se empeñó en separar lo que el mundo había unido, fue capaz de acabar con el amor, pues en días como hoy, días como San Valentín, vuelve a ser el arma más poderosa de la que dispone el mundo. En días como hoy no reina Dios, ni el hombre, ni la mujer, en días como hoy reina el amor.

Los días como hoy están hechos para admirar a quienes celebran con alegría que hace tiempo que encontraron aquella mitad que les fue arrebatada y decidieron nunca más ser valientes en solitario. Pero claro, yo os dije que no pensaba hablaros del amor...

Feliz día de San Valentín.




JL
miércoles 13 de febrero de 2008

Can you repeat please? (XVIII)

Sin sacrificio no hay victoria.




Sin esfuerzo jamás sabremos qué se ve desde la cima.



JL
viernes 8 de febrero de 2008

Paren el mundo, que me bajo

Como cuando ha llovido y estamos mudos y calados hasta los huesos. Como cuando ha llovido y no hemos sabido reaccionar, nos hemos mojado y el agua se ha llevado todas las palabras que teníamos en la manga. Como cuando ha llovido y una de las gotas que salta del pelo te cae en la mejilla; y sin hacer ni un sólo movimiento, sentimos como se va deslizando hacia abajo arrastrando con ella todas las palabras que la lluvia nos ha robado y rozando nuestros labios como si fuera una simple lágrima...

Como cuando ha llovido y no sabemos qué decir, el tiempo pasa.

Querer parar el tiempo es querer contar las estrellas con los dedos de las manos. Como la lluvia, el tiempo se desprende de todo lo demás para caer rápidamente sobre nosotros y para, de vez en cuando, darnos un pequeño aviso. Un susurro, una caricia al oído, un toque de atención, una palabra robada al clamor de la tormenta... Tempus fugit...

Lo bueno de la rutina es que es no es buena. No lo es, para nada; si lo fuera, no la llamaríamos rutina. Y cuando estamos inmersos en ella deseando adelantar las agujas del reloj y poder sentir en la piel la más cálida de las sensaciones, la libertad, el tiempo se congela. Se detiene. Los minutos pesan como copos de nieve que caen balanceándose, lentamente, y pasando frente a nuestros ojos como fríos momentos que olvidar.

Y lo malo de la rutina, es que realmente no es mala. Porque cuando finalmente salimos de la bola de nieve que hemos formado en nuestro largo caer y rodar, el tiempo vuelve a acelerar. Cuando la libertad es el viento que nos acaricia la piel, lo hace como el aire que acaricia el vuelo de un ave... con velocidad. De nuevo todo vuelve a ir más rápido.

Y en esos momentos, en los que la boca del estómago se cierra llorando, las manos se humedecen de miedo y los ojos del corazón se abren suplicando una pausa... en estos momentos en los que mirar hacia delante se hace tan difícil... nos giramos, sin quererlo, y miramos atrás, a todo lo que llovió, lo que el Sol ya secó, lo que el corazón ya olvidó y la nieve ya cubrió. Nos empeñamos en volver adonde, en realidad, nunca estuvimos: queremos bajarnos del mundo que va demasiado rápido y volver a hacer el camino a nuestra velocidad, disfrutando del paisaje que nunca nos paramos a admirar...

Paren el mundo que yo me bajo pues va demasiado drepisa.



Pero en realidad... el tiempo corre mientras nos damos la vuelta, y el mundo que ahora debemos querer ya se está yendo mientras recordamos al que ya se fue. El tiempo corre en nuestra contra desde siempre, por eso nosotros tenemos que ser más rápidos y adelantarnos a la felicidad.

Porque... No hay recuerdos alegres, sino días que hacemos tristes dedicándolos a recordar.

A vivir se ha dicho.



JL
Publicado por Jesús Lleonart a las 20:34 | 3 comentarios (Se abrirán en una ventana emergente)   #
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lunes 4 de febrero de 2008

Can you repeat please? (XVII)

Tan imposible es avivar la lumbre con nieve como apagar el fuego del amor con las palabras.

William Shakespeare




JL
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