martes 26 de febrero de 2008
XXI
Adán
Para J.G.M. porque, aunque a veces se le olvide, cree en este poema tanto como yo.
Un día encontré un joven en mi mirada
nacido entre lágrimas de alegría
y llantos de dolor;
muerto bajo la oscuridad del día
entre cruces, por su sangre sagrada,
y gritos de temor.
Volvióse su visión
envuelta en lágrimas sin enjugar
que no me arrancaban la tristeza
ni borraban el surco del soñar.
Hablan de mí, Señor:
son el riego de mi estéril amor,
son el arca de mi pobre riqueza,
son el mar de un río de entereza,
¡son la voz de mi mudo corazón!
No conocía el sonido de mis pasos
ni el color de mis manos,
jamás oí el suave tacto de mi voz
ni sentí frío en mi piel:
cuando la soledad sólo era fuego
fuego en la inmensa mar.
Mas ahora mi garganta es pura hiel
y mi palabra es eco
entre el silencio de mis hermanos,
mi mirar es desear
y mi deseo no es más que agua en el mar.
Aquellas lágrimas son la corteza
de este árbol joven y hueco...
Escucha ahora, hijo mío:
enjuga tu alma por última vez
y colma tu vacío con mi Amor.
Será la savia que haga renacer
en el árbol sus frutos
y en tu interior la fe.
Reserva con esmero
los tesoros de tu arduo crecer
y aguarda bajo el Sol
al corazón que los sueña coger.
nacido entre lágrimas de alegría
y llantos de dolor;
muerto bajo la oscuridad del día
entre cruces, por su sangre sagrada,
y gritos de temor.
Volvióse su visión
envuelta en lágrimas sin enjugar
que no me arrancaban la tristeza
ni borraban el surco del soñar.
Hablan de mí, Señor:
son el riego de mi estéril amor,
son el arca de mi pobre riqueza,
son el mar de un río de entereza,
¡son la voz de mi mudo corazón!
No conocía el sonido de mis pasos
ni el color de mis manos,
jamás oí el suave tacto de mi voz
ni sentí frío en mi piel:
cuando la soledad sólo era fuego
fuego en la inmensa mar.
Mas ahora mi garganta es pura hiel
y mi palabra es eco
entre el silencio de mis hermanos,
mi mirar es desear
y mi deseo no es más que agua en el mar.
Aquellas lágrimas son la corteza
de este árbol joven y hueco...
Escucha ahora, hijo mío:
enjuga tu alma por última vez
y colma tu vacío con mi Amor.
Será la savia que haga renacer
en el árbol sus frutos
y en tu interior la fe.
Reserva con esmero
los tesoros de tu arduo crecer
y aguarda bajo el Sol
al corazón que los sueña coger.

JL
Publicado por
Jesús Lleonart
a las
21:55
|
4
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Etiquetas: Poesía
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