viernes 11 de septiembre de 2009

Reclusión

Apenas doce o trece años. Once como mucho. Con las manos recogidas en la espalda, vestía de un pulquérrimo blanco y una ondulada, larga y ordenada cabellera castaña. Le rodeaban dos hombres, uno de ellos con bolsito, y cinco policías que habían dejado aparcados dos coches patrulla.


Cuando se detuvo, todo el autobús se quedó mirando la escena, un servidor que levantó la mirada de los Cien Años de García Márquez incluido. Expresiones de sorpresa, cuchicheos de vieja y algún que otro "¡Oh!" ahogado. Al reanudar la marcha, se descubrieron las esposas que engalanaban sus muñecas.


Miedo no tenía. Y no es para menos, porque esta noche dormirá en casa, o donde viva; y a esas edades no hay más preocupaciones que ésta. No será culpa de nuestro sistema jurídico, de nuestros políticos, ni de la crisis, de la que parece que ahora todo es culpa.


Ojo al dato, que no sólo las economías entran en crisis. Hay que revisar muchas cosas antes de volver a quejarse de las telarañas en la cartera, que posiblemente éstas tengan mucho que ver con aquellas.
JL
Publicado por Jesús Lleonart a las 11:46 |  
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