viernes, 11 de septiembre de 2009

Reclusión

Apenas doce o trece años. Once como mucho. Con las manos recogidas en la espalda, vestía de un pulquérrimo blanco y una ondulada, larga y ordenada cabellera castaña. Le rodeaban dos hombres, uno de ellos con bolsito, y cinco policías que habían dejado aparcados dos coches patrulla.


Cuando se detuvo, todo el autobús se quedó mirando la escena, un servidor que levantó la mirada de los Cien Años de García Márquez incluido. Expresiones de sorpresa, cuchicheos de vieja y algún que otro "¡Oh!" ahogado. Al reanudar la marcha, se descubrieron las esposas que engalanaban sus muñecas.


Miedo no tenía. Y no es para menos, porque esta noche dormirá en casa, o donde viva; y a esas edades no hay más preocupaciones que ésta. No será culpa de nuestro sistema jurídico, de nuestros políticos, ni de la crisis, de la que parece que ahora todo es culpa.


Ojo al dato, que no sólo las economías entran en crisis. Hay que revisar muchas cosas antes de volver a quejarse de las telarañas en la cartera, que posiblemente éstas tengan mucho que ver con aquellas.
JL
domingo, 6 de septiembre de 2009

Calma

Hoy el viento despierta en la mente viejos recuerdos, trae historias pasadas. También lo hacen las nubes, cargadas de tintes otoñales. Me producen una agradable sensación de sosiego, como la del olor que desprende el horno al rescatar una antigua receta del baúl, la sorpresa de la lluvia en una noche veraniega o el placer de recordar con exactitud los viejos resquicios de un sueño difuminado.

Muchos han descubierto las enormes similitudes que existen entre la vida y el río. Su nacimiento, sin hacer apenas ruido en los más remotos parajes, su crecimiento, sus meandros, sus giros, sus sorpresas, su caudal, sus afluentes, sus sedimentos... En la vida nacemos, crecemos, giramos en la dirección que nos marca la tierra, nos unimos a otros y luego nos separamos y con nosotros traemos siempre un equipaje de lo más variopinto. Y la vida, por supuesto, también desemboca. Los ríos arrastran gran cantidad de sedimentos, algunos le acompañan desde el principio y otros nunca llegan hasta el final. Cuanto mayor sea el caudal, cuanto mayor sea la intensidad con la que vivamos, mayor será la erosión y más rico será el bagaje que arrastremos.

En este sentido, los sueños me recuerdan al niño joven e ilusionado que se remanga los pantalones una tarde de verano. Introduce, recatado, un pie en el agua temiendo que la corriente le arrastre río abajo. Una vez ha comprobado la seguridad de su aventura, chapotea, salta, se hunde y emerge hasta quedar exhausto. Y en el trajín de su frenesí, en un momento de calma, llena sus manos de agua conteniendo en ellas la más variada selección del equipaje del río. Así veo los sueños.
Uno nunca sueña con lo que no vive, no ha vivido, no desea o no teme vivir. Los sueños rara vez son caprichosos y muchas veces muestran los más escondidos sedimentos de nuestra vida. Estudiarlos ha sido para muchos el trabajo de toda una vida, y aun así, no sabemos cómo funcionan. Muchas veces odiamos lo que nos muestran, otras lo deseamos con todo nuestro corazón, a veces nos extrañamos y otras, simplemente, no los comprendemos. Pero ahí están, bajando el río y acompañándonos hasta el mar.


Esta noche, mirando al cielo, he descubierto que las primeras nubes del otoño avisan de las próximas y primeras lluvias. Y me he sentido calmado. Me ha tranquilizado saber que, por mucho que cambien algunas cosas; otras, siempre vuelven a su sitio. Y esa serenidad me ha recordado a los sueños que me han asaltado durante tanto tiempo. A la mujer difuminada, etérea y incorpórea que se dibujaba en mi mente por las noches y que me asaltó durante muchos días de mi vida. A la leonardesca promesa difusa que vendía una felicidad que yo no podía alcanzar. Polvo que se disipaba en la oscuridad, agua escurriéndose por los resquicios de mis manos, humo perdiéndose en el aire.


Esta noche, después de mirar al cielo, he comprobado que la mujer que caminaba junto a mí, es el rostro que le faltaba al sueño que tanto me prometía, me he dado cuenta de que ella es mi principal afluente. He sonreído y he seguido viendo como las nubes avisan de las próximas y primeras lluvias. Y me he sentido calmado.



JL

Publicado por Jesús Lleonart a las 02:12 | 6 comentarios (Se abrirán en una ventana emergente)   #
Etiquetas:
domingo, 3 de mayo de 2009

Visca el Barça


No suelo hablar de fútbol en esta sede, pero la ocasión sin duda alguna lo merece.

La noche de ayer fue suficiente correctivo para silenciar todas las envidias periodísticas que caudalosos ríos de tinta han sido capaces de formar. Anoche se aplacaron también las esperanzas de los madridistas amantes del fútbol por un lado y, por otro, los ridículos argumentos de los simples fanáticos.

Anoche, todos se rindieron ante quien deberían haberlo hecho hace ya algún tiempo.

La de ayer, fue una noche de aplausos y cánticos de victoria para unos pocos, y de bocas cerradas y correcciones para muchos.


JL
jueves, 16 de abril de 2009

Te lo prometo

Queridos hijos:

No quiero para vosotros una vida llena de mañanas como las que hemos compartido, amaneceres de contemplar el horizonte con ojos soñadores, volando más allá de estas tierras hacia un lugar donde vivir no sea una mentira.

Recuerdo que, en mi niñez, me nutría todas las mañanas de los viejos cuentos de mi padre, el hombre que me enseñó que los sueños, si se quieren de verdad, se pueden cumplir y que no hay que tener miedo a no ser nosotros quienes los veamos realizarse sino todos aquellos que vengan detrás, como vosotros, hijos míos. Todas las mañanas, antes de empezar a cargar mis hombros con las primeras cántaras de agua, me gustaba aliviarle su tarea acompañándole en cada uno de sus pasos, escuchando todas sus historias y sonriéndole cada vez que me miraba. La sintonía, siempre era la misma: "Hijo, más allá de estas montañas y los vastos desiertos que hay tras ellas, más allá incluso del mar que tanto desearía conocer, existen tierras que bien podrían llamarse paraísos y allí sus habitantes bien podrían pasar por reyes. Hijo, yo he luchado cada día por lograr un billete hacia aquellos jardines del Edén, como mi padre soñó para él y para mí. E igual que él, yo también he fracasado; así que escúchame bien y prométeme que harás todo lo que puedas por alcanzar ese mundo que tanto nos pertenece a nosotros como a ellos y que si no lo consigues, algún día te agacharás como yo ahora me agacho y a tus hijos les harás prometer esto mismo que ahora te pido." "Te lo prometo, papá." Siempre contestaba lo mismo. Sin embargo, no fui consciente de lo que significaba aquella promesa hasta que murió, cuando yo acababa de cumplir trece años.

Sobrevivir no fue difícil. En África, hijos míos, nació el ser humano y sobrevivió cuando todo indicaba lo contrario. Nosotros hemos heredado esa virtud. Somos hombres del Chad, cuna del ser humano, aunque no lo parezca. Lo costoso fue conciliar el sueño por la noche. Cuando todo te da la espalda, te das cuenta de que la vida es una manta corta que siempre te deja los pies fríos. Te deja descontento, no es justa, no responde a ningún patrón de comportamiento; pero, al menos, está ahí abrigándote y siguiendo tu compás al respirar. En aquel momento, yo estaba seguro de que el Sol iba a salir a la mañana siguiente, pero no las tenía todas conmigo cuando me preguntaba si yo estaría ahí para verlo. Pero eso no me inquietaba. Independientemente de lo inhóspito que fuera el lugar en el que reposara, daba vueltas y más vueltas pensando en la promesa que le hice a mi padre. Me reconcomía por dentro pensar, más incluso de lo que me corroía el hambre, que los viejos sueños de mi padre me pertenecían ahora y así también la responsabilidad de llevarlos a cabo. Me asaltaba en sueños la imagen de mi padre muerto y sus sueños rotos pasando a mí. Pero el peor golpe, era la posibilidad de que yo alguna vez os pasara a vosotros, aunque no os conocía, unos sueños tan destrozados como los que recibí.

Pese a todo, la vida me dedicó una amplia sonrisa cuando más lo necesitaba. Paso a paso, fui forjando esta pequeña porción de humanidad que poseo ahora. Vino vuestra madre, vinisteis vosotros, aunque ella se fue al traeros. Mis dos gotas de agua, mis gemelos, mis bendiciones, mis reyes, mis hijos, mi vida. Poco a poco fui comprobando como con sudor y esfuerzo logré tener una vida muy parecida a la que mi padre compartía conmigo cuando yo tenía vuestra edad. Me habéis acompañado muchas mañanas por los senderos de mis obligaciones, aliviando la carga de la vida. Os he guiado por los senderos de los sueños que he cruzado y os he hecho prometer lo mismo que yo juré a mi padre, a África y a mí mismo cuando, como vosotros, respondía "Te lo prometo, papá".

Sin embargo, Dios quiso que en mí hubiera algo diferente. No me bendijo con un hijo, sino con dos. Quiso que yo tuviera una vida parecida y diferente a la vez. Quiso que me movieran los mismos sueños e ideales pero quiso también que no todo acabara igual.

Sois algo más jóvenes de lo que lo era yo cuando perdí a mi padre, pero sé que sobreviviréis. Recordad siempre de dónde venís y quiénes sois. Tened siempre presente aquello que me prometisteis. Además os digo, hijos míos, dormid tranquilos porque no pienso dejaros mis sueños hechos pedazos.

Toda mi vida he estado ahorrando para estos tres billetes hacia el paraíso. Sé que la embarcación no parece segura y que los tripulantes no parecen amigables. Pero no os confundáis, ellos luchan por el mismo sueño que vosotros. Estamos navegando hacia un país llamado España. Si llegáis huérfanos, las leyes de aquel paraíso os darán una nacionalidad, un hogar y nuevos sueños que proteger. No temáis por mí si al despertar no me veis. Yo me habré fundido con el mar y seré para siempre el brillo del Sol que en él se refleja. Un brillo que os protegerá durante toda vuestra vida.

Gracias, hijos míos, de todo corazón, por cumplir los sueños que me han aliviado la carga del vivir desde siempre.

Os quiere,

vuestro padre.



JL

Publicado por Jesús Lleonart a las 21:56 | 2 comentarios (Se abrirán en una ventana emergente)   #
Etiquetas:
domingo, 12 de abril de 2009

XXXIV

La Sevillana

Algo se me ha ido donde el arte se esconde...
algo que tenía dentro rugiendo...
la Giralda te quiere pa'lgún conde...
ay que no que no, que me lo estoy viendo...

Que habrá en su pelo que el Guadalquivir
para en Sevilla a preguntar su nombre
serán sus ojos, su arte que al lucir
apaga el Sol y hace esclavo a este hombre.

Y ahora vuelve a mí brillando a azahar,
como en el sur se oye la primavera
que ya está sedienta de su Estrella...

Sevilla admíteme una vez robar
de todas tus artes la que es primera,
de tus caras sin duda a la más bella.


JL
Publicado por Jesús Lleonart a las 01:06 | 2 comentarios (Se abrirán en una ventana emergente)   #
Etiquetas:
sábado, 11 de abril de 2009

Más vale tarde que nunca

Primero cayeron las Vacas, luego cayeron los sueldos y así cayó el autoestima. Más tarde cayeron los empleos, los lecheros, los panaderos y los queseros. Justo fue así cuando subió el paro, la leche, el pan y el queso. También subió el autoestima, cuando bajaron los precios; pero luego volvió a bajar, cuando se hundió con ella el valor del dinero. Uno a uno, todos fueron cayendo, locales incluidos.

Ya mencioné en su día, en esta misma sede, las oficinas tabaqueras (si me permiten la licencia de bautizar así a los locales que en los bajos de mi edificio tenían, ojo al pasado, a media plantilla cada hora punta, como los trenes, descansando al aire libre y echando humo, literalmente, por sus cigarrillos) que me sacaban de mis cojones y me tocaban las casillas. Cuando hace poco más de un mes volví a asomarme a aquellos amplios ventanales, comprobé que lo que hace no mucho era un alborotado local lleno de oficinistas, aquel día no era más que un impoluto solar desierto. Entonces extrañé a toda aquella marabunta.

Los telediarios tienen la bendición, o la condena, de hacernos sentir lejos todas aquellas noticias en las que el presentador censura el semblante. Demasiado lejos quizás. Tsunamis, huracanes y terremotos, gracias a Dios, no llaman puntualmente a nuestros telefonillos como el cartero o los repartidores de publicidad, si es que no han caído ya. Sin embargo, la palabra crisis no hace vuelos directos ni con escala para llegar hasta nosotros, simplemente es la palmadita en el culo que se nos da todas las mañanas al abrir los ojos como a un recién nacido y que nos dice "He aquí tu tsunami, huracán y terremoto particular."

Ha sido esta mañana, cuando he pasado por el cartel de "Local disponible" de uno de los restaurantes que más me ha amenizado y suavizado las mañanas de estudio universitario los últimos meses, cuando me he dado cuenta de que ya es demasiado tarde para hacer algo antes de que sea demasiado tarde.

Como buenos españoles que somos, no queda otra que coger al toro por los cuernos, lamerle la cara y levantar, cuando todo lo que caiga vuelva a subir, al público de sus asientos.

Pero eso sí, más vale tarde que nunca.



JL

Hoy no se aprende


De todos los días de esta Semana, no acabo de comprender por qué es hoy, Sábado Santo, el día en que no hay periódicos.

Así que, lo dicho, hoy no se aprende. Aunque por otra parte... hoy tampoco nos engañan.

JL
lunes, 6 de abril de 2009

No es oro todo lo que reluce

En esta vida, gracias a Dios, no es oro todo lo que reluce. Por ejemplo en carnaval. Puede parecer que ésta es la oportunidad perfecta para, una vez al año, disfrazarnos de nuestro héroe favorito (véase un cocinero, un torero o una drag-queen) y comportarnos como nos venga al fresco, sin los deberes cotidianos zumbándonos detrás de la oreja. Pero no es así, carnaval es la oportunidad perfecta para una vez al año quitarnos la máscara que llevamos puesta y dejar salir al cocinero, al torero o a la drag-queen que todos llevamos dentro.

¿Más ejemplos? Ayer, en una sala de cine, viendo la última comedia de Jennifer Aniston (subráyese lo de comedia) , rompí a llorar cual niño pequeño (mocos y kleenex incluidos) al que le quitan una piruleta, por culpa de un perro que nunca he tenido, que nunca tendré y que posiblemente no sufra en su piel lo que ayer en la película me hizo saltar el limpiacristales. Freud me diría que no me caí porque tropezara en el cine con la alfombra, sino que me di con la piedra de toda la suciedad que hay debajo de ella. Por suerte para mí, Freud está bien muerto.

Existen miles de formas diferentes de interaccionar con todo lo que nos rodea y todas y cada una de ellas responden a un patrón distinto. Creemos conocer la razón de cada sonrisa que observamos por la calle, o de cada lágrima que contemplamos luchar contra la gravedad, incluidas las nuestras. De hecho, vivimos así de confiados. No estamos precisamente en lo cierto, pero está bien así. ¿Por qué? Porque si bien es cierto que es fantástico darse cuenta de que la vida te ha sorprendido, es mucho más emocionante, divertido y maravilloso comprobar como, a veces, somos capaces de sorprendernos a nosotros mismos.


JL
sábado, 4 de abril de 2009

XXXIII

Bífidas lenguas de voz serpentina,
mustia flor que ni es flor ni al tallo llega,
su veneno lanzan y creen que ciega
su honor se apaga, su hedor contamina.

Pueden pintar el Sol de verde y malva
o tu luz de sombra con su malicia,
no hay sangre en sus venas sino estulticia,
que no las redime, que no las salva.

Pero el polvo al polvo ha de volver
y al mar no hay navío que no venere,
ya sea en hora temprana o de muerte;

mas tú serás del futuro mi suerte
y yo en el alba quien te sueñe y espere
sólo a ti, la Niña que anhelo ver.


Esta vez me gustaría explicar mi poema. Tiene dos significados, uno es el canto de un marinero que vio partir en 1492 a la Niña, junto a la Pinta y la Santa María, y que en su corazón lucha por superar todas las voces que en contra del viaje decían que aquellas naves nunca regresarían.


El segundo significado, evidentemente, es una condena contra todas las voces de serpiente que, como a la Niña, condenan sin razón, motivo ni fundamento y una oda a la que, como la Niña, supera todas las tempestades que le asaltan en su largo navegar en mi corazón.

Y ésta, por supuesto, era la mejor forma de volver.

Bienvenidos de nuevo.

JL
Publicado por Jesús Lleonart a las 22:46 | 2 comentarios (Se abrirán en una ventana emergente)   #
Etiquetas:
miércoles, 4 de marzo de 2009

Libertad de expresión

Voltaire:

No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo.

JL
Suscribirse a: Entradas (Atom)